La migración es uno de los hechos que ha surgido debido al auge de la globalización en el siglo XXI. El hecho de buscar en el extranjero oportunidades que no se dan en la tierra propia, es algo muy común, pero este hecho se complica, cuando el emigrante no tiene papeles. Cuando tiene que entrar ilegalmente a una patria ajena, y sufrir de los maltratos que su estado de indocumentado hacen ver como obvios. Ahora, hablaremos con Carlos Santos Miranda, un chico de 20 años, que vive en Nuevo Laredo, en el estado de Tamaulipas. En su casa suelen dar refugio a inmigrantes centroamericanos que buscan cruzar la frontera entre México y los Estados Unidos, a pesar de ser esto un acto ilegal. Carlos, nos cuenta la historia de un joven hondureño que lleva ya cuatro años viviendo en su casa, con su familia. Un joven que buscaba el sueño americano, pero que encontró prosperidad en México, apenas unos kilómetros antes de cruzar la frontera.
Carlos, ¿Cómo es que llegó este joven a tu casa, desde Honduras?
Pues, el entró a México, y estuvo por el sur, hasta que llegó hasta el Distrito Federal, donde estuvo cerca de seis meses. De ahí subió al sur, llegó a Monterrey, y después fue a Laredo, donde obviamente era su última escala para cruzar la frontera, pero aquí empezó a trabajar en la obra, y pues, ahí en la casa siempre le hemos dado chance a los que llegan, tenemos un cuartito atrás donde se han quedado varios indocumentados. Cuando el llegó había otra pareja, con la que no tuvimos mucha suerte, y pues, le dimos la oportunidad a este chavo de quedarse ahí cuando ellos se fueron.
Sabes que en México es ilegal apoyar a un inmigrante ilegal. ¿No tienen miedo en tu familia de que puedan ser acusados de éste delito?
Mira, no se aquí en San Luis, pero allá en Laredo, es muy fácil arreglar esas cosas. Si lo agarran, un par de llamadas, y lo sueltan. Mientras no vayan los militares por él no hay problema, pero el ejército tiene cosas más importantes de las que preocuparse.
¿Cuál es la situación del joven? ¿Cómo vive? ¿Qué hace?
Él trabaja de albañil aquí con gente que contrata puro centroamericano, porque es mano de obra más barata. Gana su lanita, y con eso come y demás. No se le cobra renta, y ayuda en la casa, voluntariamente poniendo dinero para la despensa, o algo así. No se arriesga mucho a andar por la ciudad, sale de trabajar y se regresa a la casa, así es siempre. Lleva ya más de cuatro años viviendo aquí en México, por lo que ya está en condiciones de buscar que le den sus papeles, y así pueda tener mejores oportunidades. Le llama a su familia por teléfono una vez a la semana, y en general, parece que aquí se estableció, ya sin tanto problema. ¿Quién sabe que hubiera sido de él de haberse ido al otro lado?
Sin duda, el caso de la familia Santos Miranda es un caso especial, pero que no es muy frecuente encontrar en México, donde la discriminación hacia los indocumentados centroamericanos, es igual o peor a la vivida por nuestros connacionales en los Estados Unidos.
Nota: El nombre real de Carlos ha sido cambiado por cuestiones de seguridad.
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